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miércoles, 14 de julio de 2010

Sanfermines 2010

Castella cierra con éxito  la feria

Décima de  abono
14 de julio de 2010
¿Qué ven los toreros en estos toros? Porque la verdad sea dicha: la corrida de Jandilla –el cuarto con hierro de Vegahermosa— resultó infumable. Y si a pesar de tantos pesares le siguen viendo algo, en el pecado llevan la penitencia.  Pero lo cierto es que se llevó por delante esta última del abono pamplonés. ¿Volverá el año que viene? Pues puede ser que sí.
El único potable de la tarde, que hizo segundo, le correspondió a Sebastián Castella  --de gris perla y azabache, con los delanteros de la chaquetilla bordados en plata--, que lo exprimió como un limón. Estuvo el francés en su mejor estilo: templado, ligando en un palmo de terreno, con una extrema suavidad. Sobre todo con la mano izquierda alcanzó momentos excelentes. Lo mató con eficacia y se le concedieron dos orejas, que o mucho me equivoco, o volverán a levantar polémica. El quinto, en cambio, sólo permitía el arrimón, Y  eso hizo el torero, suportando además una fea voltereta; pero luego la espada no le permitió redondear la cosa.
Con la herida abierta del otro día, volvía El Juli –de nazareno y oro-- hoy a la Monumental navarra. Pero el esfuerzo sirvió de poco: los “jandillas” se encargaron de ello. El que abrió plaza parecía enteramente un globo inflado: redondo como una pelota; pero tan era anormal, que el palco debía haberlo devuelto.  Resulta que este “Vendejo” había recibido una cornada al llegar a Pamplona y no iba a ser lidiado, de hecho no corrió el encierro; pero la lesión de otro de sus hermanos de camada hizo que entrara en el sorteo. Cuando se le enchiqueró su anatomía era normal; al salir al  ruedo, era tan deforme que daba grima verlo. Y que algo malo tenía –los veterinarios ya nos dirán qué-- se comprobó en su juego. En cuarto lugar le correspondió a El Juli el remiendo de Vegahermosa, un toro deslucido donde los haya.
Recién reaparecido de la fuerte cornada de Burgos, Miguel A. Perera –de verde manzana y oro--. En sus dos toros estuvo muy por encima de sus enemigos, tapándole todos los defectos que tenían, que no eran pocos, y poniéndose en ese sitio que tiene acreditado. El esfuerzo estaba hecho y era notorio, pero el público, no se sabe por qué, no lo tomó en consideración,  en especial su primera faena,  y todo quedó en una ovación. Pero al menos Perera demostró que está en forma, tan en forma como si la cornada no hubiera existido.

Posdata:

Te pillaron, Julián: no tienes “duende”

Déjalo, Julián, que te han pillado. Qué más da que hoy te hayas levantado de la cama para poder hacer el paseíllo, eso no vale nada. Lo que vale es que te han descubierto y eso es lo que manda. Qué engañada tenías a la afición entera, planetaria podría decirse incluso. Claro, eso se acaba pagando, que te creías tú que iba a salirte gratis total. Y es que ahora, al cabo de tantos años, uno de los asesores –a mayor abundamiento, “artístico”-- de la Presidencia en sanfermines y, para más inri, presidente del Club Taurino de Pamplona, lo ha puesto todo bien clarito negro sobre blanco: “El Juli no tiene duende y además torea despegado”, para razonar la causa por la que no había de concederte la segunda oreja el lunes.  Ya era hora de que alguien te cantara las verdades del barquero, nunca le estaremos suficientemente agradecidos.
A partir de este punto, grotesco punto, cabría entrar al fondo de la cuestión, que no es otra que el altísimo grado de incompetencia que demuestra semejante personaje para ejercer cualquiera de los dos cargos que ocupa. Y para colmo, hoy ha tenido el descaro de volver a subirse hasta el palco. Lo del Principio de Peter y el nivel de incompetencia, es un juego de niños a su lado. Pero no hace falta ir mucho más allá, que el refranero lo resuelve todo: “por la boca muere el pez”.  Por eso, dejemos que la sensatez de la afición navarra  –los responsables de la Meca, también— pongan a cada cual en su sitio, que en este caso debiera ser mayormente la calle.
Aunque a lo mejor no hace falta. Nada mejor para tapar incontinencias verbales que repartir un video de los dos toros que lidió El Juli ese día. Quien tenga ojos para ver y cabeza para a algo más que peinarse se da cuenta de la insensatez del referido asesor y, ¡asombroso! , Presidente de un Club taurino.

© Antonio Petit Caro

martes, 13 de julio de 2010

Sanfermines 2010

¿Se permite escribir que El Fandi anda cada día mejor?

Novena de abono
13 de julio de 2010
¿Decir que El Fandi anda cada día mejor será políticamente correcto? Pues, quién sabe, a lo mejor la cátedra se rasga las vestiduras. Es consecuencia de esa dichosa manía, tan acendrada del mundo del toro, de colocarle a cada cual un cliché, del que no se librará ni en la cuarta reencarnación. El hecho de que la manía se mantenga de década en década no la convierte en verdad; sólo le da más antigüedad.
Pues mire usted por dónde, hay que escribir que El Fandi –hoy, de verde manzana y oro--  anda cada día mejor. Maneja muy bien el capote, pero con la muleta cada vez está más poderoso y templado. Y además, presenta los engaños de verdad y con la espada es un cañón. ¿Qué no tiene duende? Toma, como el 95% del escalafón, figuras incluidas. Pero tiene otras cosas: oficio bien aprendido, muñecas dispuestas a pulsear a los toros, valor para no tener que salir a respirar cada dos muletazos…. Y a propósito hago caso omiso del tercio de banderillas. Si algo hubiera que reprocharle hoy sería que no luche por quitarse de encima el cartel de mediático, que a la postre está siendo demoledor.
De todo ello dejó constancia  esta tarde en Pamplona, ante su primer toro, un buen ejemplar de El Pilar al que entendió desde el primer momento hasta el último. Se le concedieron las dos orejas, pero eso no es lo importante; lo importante es cómo estuvo. Sobre todo toreando con la mano izquierda con temple y con largura. El quinto, en cambio, fue de otro tenor, sobre todo porque se vino abajo ya en la primera vez que el torero le pudo con la muleta.
La corrida de El Pilar, cumpliendo toda ella en presentación, fue sin embargo desigual, con un sexto toro que era un camión. Además del mencionado segundo, tuvo otros dos toros buenos para el torero: el cuarto, que tenía un son magnífico y el ya citado grandullón que cerró la corrida. El primero fue eso que se dice ni fu, ni fa; el tercero no permitía más de tres muletazos seguidos y el quinto, como queda dicho, se acabó antes de empezar. Pero no es mala proporción esa de tres de seis, tal como está la cabaña de bravo.
Más recuperado pareció El Cid,  vestido hoy de caldera y oro. En especial con el excelente cuarto, al que cuajó series a su antigua usanza, sobre todo con la mano izquierda. Nos recordó a El Cid de siempre, el que ya se tiene que asentar, dejando atrás esa mala noche en una mala posada que ha sido su bache. Bienvenida sea la nueva etapa.
Completó cartel el animoso manchego Miguel Tendero –de azul marino y oro--, que no termina de encontrar su sitio en el nuevo escalafón. En Pamplona no lo encontró.  Eso sí, se mostró muy animoso con el tercero de la tarde y realizó un esfuerzo digno de reconocimiento con el sexto. Pero a ambos los mató peor imposible, perdiendo algún premio orejil, que le habría venido muy requetebién.

© Antonio Petit Caro

lunes, 12 de julio de 2010

Sanfermines 2010

El Juli marca las diferencias

Octava de abono
12 de julio de 2010
Se puede estar bien. Se puede, incluso, cortar orejas. Pero todo eso queda en un remedo cuando se ejerce el magisterio de los ruedos. Y en eso, hoy hay que descubrirse ante Julián López –de azul cobalto y oro, en esta tarde--. Si además se echa uno a las espaldas, por qué le da la gana, el peso del toreo de su época, se hace lo que hoy hace “El Juli”: no rehuir las ferias y los carteles de importancia, como ahora ocurre en este abono, en el que es el único que se anuncia dos tardes.
Lo de menos ahora es el número de trofeos que se le concedieron, que en este caso no guardan relación de proporcionalidad con la actuación del madrileño.  Lo demás es la lección que dictó ante dos toros –sobre todo el quinto— a los que había que entender y administrar la medicina adecuada, no valía el manido proceder de ponerse por un lado y por el otro, casi mecánicamente.
Dentro del buen encierro en general que mandó Victoriano del Río, al madrileño le tocó en primer lugar uno bravito, pero con acusada querencia a irse suelto de los engaños. Desde el primer momento, El Juli se puso a la tarea de corregir sus defectos y lo consiguió, claro está. Cuando eso, además, se hace manejando las telas con buen gusto, con la muñeca muy templada y sin permitir ni un solo enganchón, estamos ante una actuación de excelencia. Lo mató por arriba y el presidente de turno le concedió una oreja, que en justicia debieron de ser dos.
El quinto era, probablemente, el más grandullón de toda la corrida. (Entre paréntesis, de qué forma más rara se hicieron hoy los lotes; a El Juli le tocaron los dos peor hechos). El animal tenía sus problemas, que no eran pocos, Pero el torero tenía su inteligencia y la sacó a relucir. Otra faena de muy buen nivel, otra oreja. Lo único reprochable en un profesional de su dimensión fue el descuido, el exceso de confianza que dio pie al puntazo que hoy sufre el de Velilla de San Antonio. ¡Pero hombre…! Menos mal que al final no fue más que un puntazo en la zona escrotal, porque por la forma de cogerle dió la impresión de una cornada mayor.
Se ha apuntado ya el muy aceptable encierro de Victoriano del Río. Dentro de él, destacaron dos toros: 1º y 4º, esto es, el lote de Curro Díaz  --de verde botella y oro--. No diría yo que en este caso sea de aplicación lo de que “tuvo mucha suerte en el sorteo”. Más bien fue lo contrario, porque la calidad de sus enemigos dejó al descubierto las carencias de su lidiador. Me resulta ya un poquito cansino oír cómo de este torero  casi obligadamente se debe cantar su estética, en virtud de lo cual parece que se hace necesario y  está justificado pasar por alto otros conceptos más básicos del toreo, como el temple y, por qué no, la técnica.
Esta tarde fue el vivo ejemplo de todo ello: cuando uno está ante un toro bravo, por más noble que sea, no se puede olvidar que el animal exige siempre de su lidia. Pero si todo lo fiamos a un sentido escultural de las suertes, pasa lo que pasa: se empieza por no echar la muleta adelante y se acorta luego el último tiempo del muletazo con la pretensión de enroscarse el toro a la cintura; el resultado final necesariamente no puede ser el deseado, en la medida que al toro no se le ha dado su espacio, los engaños tienden a ser enganchados y, a la postre, todo queda deslucido. Y por eso uno se deja ir toros que eran de triunfo grande, como ayer le ocurrió, y por dos veces,  a Curro Díaz.
Aunque se puedan aducir circunstancias paliativas, por corresponderle un lote poco lucido, Alejandro Talavante –de verde manzana y oro— no dejó de esforzarse en ofrecer al respetable un muy numeroso muestrario de pases en su primero, pero la mayoría de ellos dados al buen tuntún. Ahí está la causa de por qué tenía que andar detrás de sus toros todo el rato. Mantuvo su estilo, pero en una tarde como la de hoy necesitaba también de un mínimo de lidia y de técnica para que aquello fructificara en algo positivo.

© Antonio Petit Caro

Sanfermines 2010

Los “miuras”, sin fundamento; el sol,  sin las peñas

Septima de abono
11 de julio de 2010
Además de desigual en bulto y en arboladura, la corrida de los hermanos Miura tuvo poco fundamento. Peligro, en su mayoría; bajos de casta, casi todos.  Esa es la realidad. La excepción fue el  tontorrón segundo. El bagaje no es mucho, más bien poco. Como poco, poquísimo el personal que ocupaba los tendidos de Sol, una vez que las Peñas decidieron no acudir a los toros, dentro de su contencioso con el Ayuntamiento. Para qué engañarnos: aquello parecía otra plaza y, en contra de lo que pudiera pensarse, se echaba de menos el jaleo. La cosa se completa con una paradoja: un tercio de las localidades sin ocupar, pero el billetaje todo vendido, como a diario. Eso solo ocurre aquí: un “no hay billetes” contable  y dos tercios de los asientos ocupados.
Por lo demás el momento emotivo de la tarde vino con la espectacular cogida de Juan José Padilla (de tabaco y oro) en el primero de la tarde. La cogió para desbaratarlo y esa fue la impresión que seguía dando cuando lo llevaban camino de la enfermería. Luego resultó, por fortuna, que solo llevaba el palizón –qué no es poco— y un esguince en el tobillo, amén de la ropa destrozada. Pese a todo, antes de ponerse en manos de los médicos, volvió al ruedo para matar a su enemigo. Como además de la emotividad del momento había tenido pasajes  razonablemente toreros, se le concedió una oreja,  Volvió a salir de la enfermería para dar cuenta del cuarto, más que nada por respeto al público, porque el “miura” era de los de no.
Un esfuerzo apreciable trató de realizar Rafaelillo (de grana y oro) con su primero, que dejaba estar, pero iba y venía como el que pasa por allí. Con el quinto volvió a estar tesonero, para luego complicarse la vida  con la espada. Algo bastante similar habría que decir de Javier Valverde (de grana y oro), que completaba la terna.

©Antonio Petit Caro

sábado, 10 de julio de 2010

Sanfermines 2010

El valor siempre tuvo premio en el Toreo

Sexta de abono
10 de julio de 2010
Qué no hay público más soberano  que el que llena una Plaza, es una verdad incuestionable. Hoy se ha puesto de manifiesto en Pamplona, cuando los tendidos del sol, pero también buena parte de la sombra, se asombró, primero, con los alardes de valor de Joselillo  (de blanco y oro)  y luego reclamó honores de gloria para el vallisoletano. Y allá que se fue el torero, a hombros por la Puerta Grande de esta Monumental, que un día más estaba a rebosar de gente.
No me extrañaría nada que se entrara ahora en la polémica de si la Presidencia debía haber concedido o no el segundo trofeo, en razón del lugar donde cayó la espada.  Respeto la opinión en contrario, pero discrepo. Y no precisamente por remar a favor de la corriente, que en la Monumental navarra era evidente su dirección. Discrepo en esa polémica, primero, porque al juzgar lo que ocurre en un ruedo uno no se puede  --para mí, tampoco se debe-- sustraer al ambiente de emotividad que se creó en este sexto toro bis, desde el momento en el que Joselillo tiró la moneda al aire, hincándose de rodilla en los medios sin saber a ciencia  cierta por donde iba a romper su enemigo. Pero también porque, las rigurosidades para ser justas tienen que responder a un cierto escalafón, en la misma medida que no se debiera mantener  idéntico nivel de exigencia con quien es la máxima figura que con quien pelea contra viento y marea  por salir adelante. Esa figura no es ni generosidad, ni menos permisivismo; es repartir la tarta teniendo muy presente  la realidad de cada uno. En cualquier caso, se trata de una polémica menor: en unas semanas le volveremos a ver a Joselillo bailando con la más fea en la siguiente feria. O sea, que haya paz y demos tiempo al tiempo.
En esta sexta del abono se anunciaban los toros de Dolores Aguirre, lidiados todos ellos con divisa de  luto por el reciente fallecimiento de su marido, Federico  Lipperheide.  La ganadera bilbaína se trajo hasta Pamplona una seria corrida, más en el tipo de los “atanasios” que en los de “condedelacorte”. Luego, abundó la mansedumbre, aunque echó un segundo toro de tocarle las palmas, bien aprovechado por David Mora, y un sexto que creaba emoción. No fue, desde luego, ni la gran corrida que lidió el pasado año en Pamplona, o la de este año en Madrid. Pero tuvo momentos de interés.
Iván Fandiño  --de  lila y oro--  a  la postre fue el peor librado: ninguno de sus dos toros le dio opción alguna. Su primero iba y venía a su aire con sosería extrema; el cuarto presentó complicaciones serias, como para exigir lo que hizo el torero vasco: lidiarlo sobre las piernas y matarlo.
De la mano de Rafael Corbelle, David Mora (de tabaco y oro)  sigue en su carrera de progreso, que no es poco en las actuales circunstancias, tan difíciles para meter la cabeza en un cartel; por eso salió tan entregado, con capote y muleta. De hecho, estuvo muy digno durante toda la lidia del buen segundo de la tarde, con momentos verdaderamente brillantes. Se le concedió una oreja a ley. De nuevo en el quinto se mostró muy decidido, aunque su enemigo no se prestaba a mayores alegrías.
Dos notas sobre las cuadrillas. La mala, la espectacular cogida de  Martin Soto, cuando trataba de banderillear al tercero que, además de  diversos traumatismos, le produjo la fractura de una clavícula. Y una buena, la sorpresa del “tercero” Víctor Manuel Martínez, que se sopló dos excelentes pares de banderillas.

© Antonio Petit Caro

viernes, 9 de julio de 2010

Sanfermines 2010

La paradoja de Gallardo: un “jandilla” con 700 kilos que además embiste

Quinta de abono.
9 de julio de 2010
Desde luego a lo visto hoy no se le puede aplicar la figura del pleonasmo, esa figura retórica, que es tan de la tierra donde se crían estos toros, que sirve para dar fuerza a un modo de decir. Y lo de hoy no era precisamente retórica. Más bien habría que pensar en una contradicción en sus propios términos. O una paradoja. Pero lo cierto es que, como si fuera el mago Merlín, Ricardo Gallardo ayer lo hizo realidad: un “jandilla” con casi 700 kilos y dos señores pitones que además embestía con el sello “jandilla”, esto es: bravo, pero sin agobiar al torero; con un bonito galope, pero sin pasarse… Salvo en las fuerza que derrochó ante el caballo, todo lo demás lo tuvo con moderación, que es como le gusta a los toreros. Lo que pasa es que con esa estampa y esa cara, ponerse delante tiene más mérito. Luego en el resto del encierro, todo él grande y armado, entre los de Fuente Ymbro hubo de todo: desde el claudicante segundo al complicado primero o al tontorrón tercero.
Pero también es cierto que Gallardo tuvo suerte en el sorteo: le correspondió el tal “Tramposo” y sus 675 kilos al Antonio Ferreras –hoy de azul eléctrico y oro-- más centrado y más torero que recuerdo en bastante tiempo. Lo lidió impecablemente y hubo pasajes, sobre todo en su faena de muleta,  en los que transmitió hasta el tendido –mejor dicho: hasta los espectadores que no estaban merendando--  el verdadero sentimiento del toreo. Un buen toro bien aprovechado por el extremeño, que tras la estocada recibió el premio de una oreja, la primera de la feria. Como para compensar, en primer lugar sorteó  el toro menos potable de todos los “fuenteymbros” que se lidiaron esta tarde.  En ambos se lució en banderillas.
Sólo la Meca de Pamplona se había acordado hasta ahora de hacer justicia  a ese torero que nos sorprendió en Sevilla y que se anuncia Oliva Soto –de fucsia y oro con los cabos negros--. El torero, menos olivasoto de lo que debía y más pendiente de lo necesario de los efectismos del sol,  no terminó de romper. Lo siento por él y por la Meca. Pero las cosas como son: hizo un esfuerzo grande, tan grande al menos como sus toros.  Y hubo pasajes verdaderamente sentidos, pero sin continuidad. Para más inri, ni los consejos que recibía desde el callejón eran los más adecuados, ni la cuadrilla estaba por la labor sino que montó un sainete, dicho todo lo cual con carácter puramente descriptivo, no en plan paliativo. Pero como la fe es creer en lo que no se ve, pese a lo que hoy no vimos, sigo creyendo que a este torero habría darle un poquito de cuartel.
Animoso y entregado se mostró Rubén Pinar --también de azul eléctrico y oro-- durante toda la tarde. En sus dos toros dejó de manifiesto sus progresos en el oficio y su empeño en estar en la cara del toro. Y hay que reconocerle que hubo momentos en los que llevó a los toros con temple. Lo que pasa es que en ningún momento el aficionado siente en el tendido ese respingo del arte grande, sino el respeto por el trabajo bien hecho. Pero en el toreo tiene que haber de todo, siempre que sea auténtico;  nada más aburrido que una Fiesta sólo formada por “morantes” o “chicuelos”. Por eso Pinar tiene su sitio, como le reconoció el público pamplonés que le premio con una oreja del sexto y a gusto le habría concedido otra en el tercero si no fuera por el mitin con la espada.

© Antonio Petit Caro

jueves, 8 de julio de 2010

Sanfermines 2010

“No hay billetes” en la enfermería

Cuarta de abono
8 de julio de 2010
Ocurrió a la muerte del cuarto de la tarde. Los tres toreros estaban en la enfermería. Francisco Marco, con una gran conmoción y la rotura de un cartílago de la oreja derecha; Morenito de Aranda, con un hombro dislocado, en trance de que se le pusiera  una infiltración; Sergio Aguilar,  con una cornada en la mano de derecha. Se para la corrida, hasta que alguno de los espadas reciba la asistencia médica y pueda volver. Finalmente, Morenito de Aranda, recompuesto y sin chaquetilla,  se incorpora para lidiar en quinto lugar su segundo toro.
A esas alturas la tarde iba sin casi nada sobresaliente, salvo la triste comprobación –confirmada luego en los dos últimos toros-- de que la ganadería de Cebada Gago sigue en la cuesta abajo, no remonta, ni los criadores han dado aún con la terapia veterinaria que se necesita. Por lo pronto, mandaron una corrida muy desigual, que se salvaba por la cornamenta, pero que en su presentación incluía  desde toros pasados de kilos y años hasta el retaco que hizo tercero. Todos, además, con las fuerzas y la raza muy medidas, hasta el punto de que más de uno ya se rajaba con los capotes. Y como en el toreo también se cumple eso de que “hay días que mejor no levantarse”, en su primera galopada por la arena el que abría plaza se rompió un pitón, siendo reemplazado por un sobrero de la misma Casa, que respondió al mismo patrón que sus hermanos.  Total, deteriorada materia prima.
Con semejante contexto, el navarro Francisco Marco (de rosa y oro) sólo pudo mostrar en su primero su voluntad de seguir ahí, a trancas y barrancas, a la espera de tiempos mejores. La voltereta cuando comenzaba a lancear al cuarto fue de aúpa, con el resultado ya descrito. Para un mejor seguimiento médico, se le hospitalizó.
Que Sergio Aguilar (de violeta y oro) tiene un buen corte de torero, ya se sabe. Pero ninguno de los tres que hubo de matar le dieron opciones de demostrarlo, salvo en su componente de decisión y empeño. Lo de este torero se está haciendo eterno: llevamos más de dos años esperando que le salga un toro que medio se deje, pero nada, ni con recomendación. Se podría probar llevando a los sorteos al pulpo ese de los alemanes, por si acaso.
Completaba terna y tarde Morenito de Aranda  (de rosa y oro) que tuvo la suerte de tocarle el retaquito tercero, el único con el que se podía andar, sin tener que estar zafándose de los cabezazos. Tanto en éste como en su segundo, a su cargo estuvieron los pasajes más brillantes de la tarde, con momentos verdaderamente esperanzadores, por más que luego los “cebadas” nos devolvieran a la dura realidad. Dio una vuelta al ruedo en su primero, al que si llega a matar con más acierto le hubiera cortado una oreja.

© Antonio Petit Caro

miércoles, 7 de julio de 2010

Sanfermines 2010

Guapa por fuera, sin contenido por dentro

Tercera de abono
7 de julio de 2010
Luminoso y  de agobiante calor este día de San Fermín. El graderío, hasta los topes, como si a las ocho y media no ocurriera nada en Sudáfrica.  Esta Pamplona cuando llegan los días de su Santo Patrón es única. Hasta para las broncas: se inició la tarde con las ruidosas protestas de las Peñas hacia la alcaldesa, Yolanda Barcina, que la aguantó a pie firme, con sosiego, que es cómo afrontan las personas inteligentes estas situaciones, ni displicencia, ni desaires. Pero minuto y medio después, cuando los alguacilillos  comienzan esa especie de competición hípica de todos los días, aquí ya no había pasado nada.
Y para este día la Meca había reservado la corrida de Peñajara, de muy digna presentación, aunque en escalera en cuanto a bulto; al ruedo salieron de menos a más. Luego su juego dejó mucho que desear, si exceptuamos al tercero, un precioso sardo que tomaba los vuelos de la muleta que era un primor, aunque luego se vino abajo antes de tiempo.
Dicho lo cual hay que anotar que escaso margen de maniobra tuvo el riojano Diego Urdiales (de fucsia y oro) ante su lote, fuera de mostrarse con la firmeza habitual. Otro tanto ocurrió a Luis Bolívar (de blanco y plata). Como se decía antiguamente, ambos cumplieron con dignidad y oficio.
Caso distinto, y bien lo siento, fue el de Salvador Cortes, que tuvo en sus manos un primer toro excelente, pero una excelencia que el torero sólo advirtió ya muy mediada su faena, cuando dejó de tocarlo con brusquedad e hizo más sedosos sus manejos de la muleta. ¡Qué pitón izquierdo!  Pero para entonces su enemigo ya había dicho que hasta luego, que ya valía de hacer el avión. Con todo, la afición navarra, que la hay, que aquí no todo es ruido, le ovacionó fuerte. Ante el sexto no tuvo mejor opción que la de sus compañeros: cumplir.

© Antonio Petit Caro

martes, 6 de julio de 2010

Sanfermines 2010


Espectáculo, mucho; toreo a caballo,  también

6 de  julio de 2010
Segunda de abono
Con el habitual “No hay billetes, Triunfal corrida en estas vísperas de San Fermín, en la que los tres rejoneadores salieron a hombros por la puerta grande. Y todo sin llegar a las dos horas. Una parte del éxito habrá que adjudicarle a los toros de Fermín Bohórquez, no sobrados de casta y  fuerza,  colaboradores todos ellos y  sin propósito alguno de  molestar a la terna actuante. No se sabe muy bien por qué causa, la presidencia ordenó la vuelta al ruedo para el segundo de la tarde, que luego no llegó materializarse.
Pablo Hermoso de Mendoza tuvo una actuación soberbia, en especial en su primero, al que lidió con clase y precisión, todo ello con una doma extraordinaria y del que se le concedieron las dos orejas.  Triunfó en toda regla, no sólo porque era Pamplona. Y es que demostró un día más porque hoy por hoy encabeza el escalafón.
Sin salir de su línea, magnífico también se vio a Fermín Bohórquez en el cuarto de la tarde. Junto a su estilo sobrio y campero, en esta ocasión sacó a relucir casta y la mezcla resultó un acierto.  Dos orejas.
Completaba terna Sergio Galán, que hoy obtuvo su octava puerta grande consecutiva en esta plaza, después de cortar una oreja a su primero y las dos al sexto. La propia diferencia de números está diciendo ya  la distancia que separó una y otra faena. De todo su quehacer, lo mejor el tercio de banderilla en su segundo.
Un comentario como final.  Después de ver actuar hoy  a Hermoso de Mendoza  uno entiende cada vez menos el rifirrafe ese en el que anda metido  –o le han metido sus apoderados— eludiendo  todo lo que puede compartir cartel con Diego Ventura, aunque para ello haya que confeccionar carteles rocambolescos. Es de las batallas más tontas que uno ha visto en el toreo; pero es que cuando las hubo, normalmente siempre las perdió el que las provocaba. El torero dirá que no quiere servir de trampolín a su compañero, que al final y al cabo no deja de ser el aspirante al título. Bueno es en estas circunstancias repasar las hemerotecas, porque en ellas se registra que el resultado final fue generalizadamente favorable al aspirante. Los públicos son así de  cambiantes en su ánimo.

©Antonio Petit Caro

lunes, 5 de julio de 2010

Sanfermines 2010

Ni una vuelta al ruedo, pero los tres novilleros interesaron

5 de julio de 2010
Primera de feria
Con una excelente entrada, los sanfermines se abrieron hoy con la ya tradicional novillada, en la que –hay que decirlo pronto— se echaron en falta las reses de Miranda de Pericalbo, que tantos triunfos habían proporcionado en años anteriores. En su lugar se lidió un encierro del Marqués de Domecq, en general guapo de estampa, pero de fuerzas muy medidas y que no dio facilidades. Y fue una pena que el ganado no permitiera mayores alegrías, porque los tres novilleros dieron la cara en todo momento, como si estuviéramos en otros tiempos.
Christian Escribano (de blanco y oro) pudo cortarle la oreja al primero de la tarde, si no hubiera sido por el mal manejo de la espada. Pero tanto en éste como en el complicado 4º no se le puede negar el tesón y la disposición que puso en toda su labor. Como además se le ve que progresa en el oficio, deben esperarse mejores noticias de este novillero.
Se nota claramente que Juan del Álamo (de blanco y azabache) es en este momento el novillero más placeado del escalafón. Anda suelto con los engaños, sabe buscarle las cosquillas a su enemigo y va sobrado de técnica, salvo con la espada, que le cerró un triunfo más ruidoso. Su riesgo ahora es encasillarse en esa cómoda posición que ocupa. Pro si tiene ambición, va a funcionar con holgura. Demostró un valor sereno, pero con un punto de arrebatamiento, con el sobrero que hizo quinto, que tenía su guasa.
Sorprendió el mexicano Diego Silveti (de verde esperanza y oro) por la templanza y el gusto con la que maneja las telas taurinas.  Imposible su primero por invalidez manifiesta, con el que cerró plaza dejó detalles que a cualquier aficionado le llaman la atención. De hecho, sin haber tenido opción al triunfo, abrió una puerta de esperanza y aire nuevo. Un torero a seguir. Y si los empresarios fueron un poquito menos obtusos, a cuidar.

© Antonio Petit Caro